De Botones y Un Corazón






Se me fueron abriendo las costuras de la memoria: 
ya me estaba acostumbrando a vivir sin ti.
Pero tus fragmentos estallados se han ido
buscando, encontrando, sin cicatriz ni señal.

"Creí que te habías muerto, corazón mío..."
Ana Rosetti

Quiero desabrochar los botones de la noche para encontrarte.

La Fisura del Sentido






Escena XIX

¿Qué es la vida? Un frenesí.

¿Qué es la vida? Una ilusión,
una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño;
que toda la vida es sueño,

y los sueños, sueños son.

Monólogo de Segismundo.
Pedro Calderón de la Barca

Ningún sueño encaja por sí solo. A veces los sueños se tocan con los bordes y otras veces se tapan completamente unos a otros, como piedras debajo de un río.

Anoche soñé que me había dejado los sueños olvidados en una isla. De pronto apareció un hombre que andaba buscando los pedacitos de un sueño mientras daba vueltas y vueltas por el mío; los recogía, los ataba con una cinta y los guardaba bien guardados. Pero no estaba solo; le seguían un enjambre de sueños que exigían a grito pelado ser soñados.
Habían sueños con sombrero de copa,
sueños de nombres capicúa,
sueños envasados al vacío,
sueños rellenos de trufa,
sueños con dedicatoria,
sueños jamás soñados,
sueños con peinetas,
sueños hiperbóreos,
sueños canjeables,
sueños de papel,
sueños autistas,
sueños polares...

... todos sin alas, todos haciendo cola.

Comprendí entonces que allí era donde iban los sueños que siempre esperé, instalados en el umbral del sueño, en un afán estéril de hallar la fisura del sentido.

El Hueco de mi Cuerpo






Soy vuestra voz, calor de vuestro aliento,
El reflejo de todos vuestros rostros,
Es inútil el batir del ala inútil:
Estaré con vosotros hasta el mismo final.

Para Muchos
Anna Ajmátova

"Te fuiste y el cielo llora, el viento pasa y yo me quedo."

Si quisiera decirte algo, no podría.
Y ante tal afirmación, mi alma se siente herida.
No creo saberlo todo, le digo al sentirla, y resuelta me señala. No veo lo que quiere. No es mi culpa; me volví ciega con los años. Pero ella me mira... Mi alma me mira. Lo sé porque siento cómo quema por dentro. Y su extraña voz me deshila:

- Aún tienes cuerpo y yo sigo estando vacía.

Reflejos Acuáticos





Poem 90
como si yo
fuera el agua
y tú
la luna
y te viera allí colgada

y yo esperara


Piel de la Lluvia 
''Cada segundo, cada minuto, cada hora transcurre a una velocidad tan cruelmente veloz que pueden llegar a convertirse en años, dejando que un dolor embargue a aquellos corazones que, separados, siguen amándose.''

Ese día Armando no esperó el despuntar del alba para levantarse. Bostezó a la penumbra y esta le devolvió su particular pestilencia acumulada durante la noche permitiéndole regresar al mundo de los vivos.
Su vida era tan simple como un bostezo.

Despertar cada mañana con los primeros rayos de sol, desperezarse a ritmo de flexiones, una ducha rápida mientras la cafetera goteaba su miserable existencia... todo con el tiempo justo, apurando cada movimiento, tratando de liberarse de la imagen de Julia, de su pose insinuante mientras dormía plácidamente, de ese anhelo por querer trepar hacia sus senos para invadirlos mientras la ciudad esperaba con sus calles húmedas y atestadas de transeúntes yendo y viniendo como zombis en medio de un tráfico ensordecedor.
Sí, una vez más, asistiría al gran circo de la vida... o no.
Porque esta vez no tenía prisa.

Se enfundó el abrigo, respiró el ébano frío de la noche y se dejó absorber por la ciudad. Nada de transporte público, nada de ir en coche; caminó durante horas hacia el lugar acordado.

Ahí estaba el puente, meciéndose lentamente al paso del tráfico, resistiendo estoicamente los embates del mar que minaban sus pilotes y corroía sus barandas. Y con la determinación que solo tiene quien ha planeado con lujo de detalles sus acciones, supo que había llegado el momento.

Se subió a la baranda, extendió sus brazos, esbozó una leve sonrisa y saltó al encuentro de lo que alguna vez pensó sería su fin.


*Die Metamorphose als Wesenselement der Poesie

Llorar Hasta Romperse






XII
Pero el silencio es cierto. Por eso escribo. Estoy sola y escribo. No, no estoy sola.
Hay alguien aquí que tiembla.


XVI
Mi caída sin fin a mi caída sin fin en donde nadie me aguardó pues al mirar quién me aguardaba
no vi otra cosa que a mí misma.

"Caminos del espejo".
A. Pizarnik


Me doy cuenta de que casi siempre consisto en un punto y aparte.

VENECIA Y MUJER*








*Un destino final para Cuando Me Encuentren...
Por Druida de Noche.

Cuando Me Encuentren








Yo no sé lo que busco eternamente 
en la tierra, en el aire y en el cielo; 
yo no sé lo que busco; pero es algo 
que perdí no sé cuando y que no encuentro, 
aun cuando sueñe que invisible habita 
en todo cuanto toco y cuanto veo. 
Felicidad, no he de volver a hallarte 
en la tierra, en el aire, ni en el cielo, 
y aun cuando sé que existes 
y no eres vano sueño!


Yo no sé lo que busco eternamente... 
Rosalía de Castro





Al llegar todo estaba en silencio. Caminé sobre la alfombra de arabescos hasta la recepción. Recogí las llaves de mi habitación y subí, también yo, en el más absoluto de los silencios.
La habitación estaba tal y como la recordaba. Descorrí las cortinas y abrí las ventanas. Siempre me gustó escuchar el incesante alboroto que llegaba desde la Plaza de San Marcos. Coloqué mi pequeña maleta a un lado del espejo y me senté en el sillón de tela frente a la cama. Cerré los ojos y tu voz comenzó a llenar la estancia...

"A Venecia se la puede ver de mil maneras diferentes, pero para mí, son solo dos. La primera y preferida, como una ciudad mágica, repleta de colores, música, balcones floridos, palacios, puentes e iglesias, absolutamente atrapante, bella y seductora en cada vuelta de esquina donde uno ve bien a todo el mundo y en segundos se acostumbra al sonido que emiten los cientos de remos en su contacto con el agua...
- ¿Y la segunda?
- Y la segunda mirada, que también tiene su belleza, como la “ Crónica de una muerte anunciada”, cuna de toda nostalgia."

Luego quedó sólo el vacío. Restos de presencia de quien ya no está. La imagen ausente se aferra con fuerzas; se cuelga de los bordes del espacio incierto que la ignora, que niega su figura en este mundo.
Yo busco (sin encontrar), las migajas de palabras que se esfuman y dispersan en este espacio, en esta dimensión confusa que me circunda.
Tu rincón quedó vacío. La ausencia cruel de tu cuerpo enfrió las sábanas que ayer te rozaban.

¿En qué lugar encuentro tus miradas? ¿Adónde tropiezo con la tibieza de tu ser que ya no está?

Te tragó el destino. Ya no ocupas el lugar que se te había ordenado. Tus partículas carnales se esfumaron, solo quedó la ráfaga de tu existencia haciendo el eco absurdo que a diario conforma a mi razón.

Me acerqué al lavabo, abrí el grifo y me refresqué la cara bajo el hilo de agua.
Opté por salir a pasear. Me puse un vestido corto sin mangas, sandalias, cogí mi cartera y salí a la luz pulverizada de la tarde.
Caminé por el largo muelle de madera entre los veleros, las tiendas y los restaurantes. No había nadie por ninguna parte. Sólo entonces me percaté de que iba tarareando una canción. Me despojé del vestido y las sandalias y seguí caminando desnuda hasta el final del muelle. Allí me esperaba la góndola. Il gondoliere me ayudó a bajar por la mohosa escalerilla. Me senté en el extremo que miraba hacia adelante. Él se colocó detrás de mí y tomó los remos.

− ¿Adónde quiere ir?
− A donde me encuentren.
- ¿Cuándo quiere llegar?
− Cuando me encuentren.

Cajones y otros Absurdos






Hiciste un semillero de ilusiones
que vivió ingenuamente en mi tristeza.
Lentamente. Fue el jugo de rencores
echados sobre el jugo de rencores
sobre el manto de la ilusión ingenua.


En mi torre de odios tuviste una ventana
(Un vidrio ilusionado, transparente y gentil.)


Ya se quebró. Es inútil que te llame mi amada
porque, mujer, en una negrura te perdí.


"Y te perdí mujer. En el camino..."
Pablo Neruda

Los sentimientos son recuerdos pendientes, los recuerdos se transforman en imágenes, las imágenes se disuelven en pensamientos, los pensamientos de repente son ideas que no cesan de acuciar para que ordene un escritorio atestado de escombros materiales y cosas absurdas.

Entre varios papeles envejecidos y arrugados, encontré una promesa. No supe recordar exactamente el porqué de la promesa, así que continué haciendo limpieza. Al retirar una caja que contenía grapas, clipes y un par de anillos, salió un atardecer de septiembre arrastrando tras de sí un olor a hojas secas, a tristes melancolías y a sangre del día derramada; a congojas amarillas, a orgasmos de memoria y a nubes de fuego incendiadas.

Dispuse la promesa que había hallado al principio en un cajón de mi mesita de noche junto con el aroma del atardecer, a ver si por aquellas se animaba y me hacía recordar la razón de su presencia. Me dio la impresión de que los dos se daban la espalda..., pero lo dejé pasar, pues nunca se me dio bien distinguir dónde tienen las promesas y los olores sus respectivas espaldas.

En una esquina, entre caramelos para la tos y un sello de lacre Luis XV, bullía un sentimiento. Si yo fuera un periodista de renombre ya habría escrito un gran artículo, pero como no lo soy, no me atreví a colocar el pasado pluscuamperfecto con el imperfecto. Me limité a mirarle de reojo por si hablaba y conseguía identificarlo. Seguí con la limpieza y supuse que quedaría en un asunto pendiente, un sentimiento sin catalogar. Podría haberlo metido en otro cajón diferente, pero me recorrió un escalofrío cuando me imaginé por un momento que siguiese mudo por mucho tiempo y que, al abrir el cajón, se me revelase de pronto como un anhelo intenso reprimido en un recuerdo. Los cajones nos sorprenden cuando menos lo esperamos.

Si yo fuese un escritor de renombre, ya habría tenido suficiente material para escribir un best-seller. Como no lo soy, me limitaré a sentir el sentimiento esperando darle un nombre junto con la promesa de no olvidarme jamás de su olor.

Quién sabe si alguno de vosotros puede ayudarme a reconocerlo...

El Escultor






Ajedrez 
Abraham Moscardó 
50 x 70 cm.
Lápices y carboncillo sobre papel

"El mundo es un tablero maravilloso en el que todos nosotros vagamos como piezas."

Nerviosa, Cinthia llamó al timbre. Finalmente se había decidido a pesar de que sus amigas le habían prevenido de que podía ser un pervertido haciéndose pasar por artista. Estaba muerta de miedo pero la necesidad del dinero pesaba mucho más y llamó de nuevo.

La puerta se abrió con brusquedad dejando escapar un aire viciado y un cierto hedor a naftalina, y tras ella apareció un enclenque y arrugado anciano. Se limitó a mirar fijamente a la muchacha, sin decir nada. Ésta tragó saliva y preguntó por el anuncio señalando el periódico. El anciano, asintiendo con la cabeza, la hizo pasar con un gesto. Cinthia vaciló por unos instantes, pero acabó entrando. No tenía elección. Necesitaba ese dinero.

El anciano la condujo a través de un largo pasillo que parecía no tener fin y de cuyas rancias y amarillentas paredes colgaban una infinidad de cuadros, de todos los tamaños y estilos, sin un orden concreto pero con un único tema pictórico: El ajedrez. Finalmente llegaron ante una puerta carcomida por los años y accedieron a una gran sala perfectamente iluminada por los rayos de luz que se filtraban a través de unos anchos ventanales. Flotaba en el ambiente un inconfundible olor a aguarrás y trementina. Sin duda, era el estudio de un pintor, aunque éste fuese tan singular.

Se presentó como Javier Morán, pintor y aficionado al ajedrez. Cinthia hizo lo propio mientras estrechaba cordialmente su mano aunque, eso sí, omitió el hecho de que fuera menor de edad. No sabía cómo podía reaccionar el viejo, así que mejor sería no arriesgarse.

Javier se sentó tranquilamente en su silla, llenó el caballete con varias hojas en blanco y, tomando un pequeño carbón, mandó a la chica que se desnudara.

Inexperta y algo avergonzada, Cinthia fue desvistiéndose torpemente hasta que finalmente quedó desnuda por completo. El pelo de la muchacha era de un color rojo alizarina que le caía hasta la cintura. Javier nunca había visto algo tan hermoso. Usó una fórmula de jugo de raíz de rubia mezclado con siena y ocre para pintarlo. Escrutó cada curva y cada pliegue con la máxima profesionalidad aunque eso no acababa de relajar a la pobre muchacha que seguía sin saber qué hacer ante su espectador. Éste, con mucha paciencia, le iba indicando qué posturas debía buscar, embadurnó su pincel y comenzó a pintar con gran rapidez.

Así estaba la muchacha, quieta como una estatua, cuando de repente sintió un fuerte hormigueo en todo el cuerpo. Pensó que quizá se le habían dormido las piernas o que posiblemente sería el frío de la estancia, más cuando quiso darse cuenta, contempló con horror que ya no tenía piernas. Convertidas en una masa blanquecina y amorfa, ahora formaban una endurecida base cilíndrica. Presa del pánico, quiso gritar pero no pudo. Su boca ya no estaba donde se suponía que debía estar. Una corteza blanca y fría estaba invadiendo sus miembros, transformándolos. Sus pómulos parecían puntas de lanza de algún antepasado alpino. Lo último que pudo contemplar, antes de perder la visión, fue un suelo escaqueado y, a su lado, cientos y miles de piezas que se acumulaban en total desorden y variedad. Agotadas sus fuerzas, Cinthia palideció y, vencida, se apagó.

El anciano examinó con gran satisfacción la obra. Ese pequeño peón blanco, fino y delicado, encajaba a la perfección con el resto de la composición. Sonrió.De repente pareció tener prisa. Puso el pincel en remojo y guardó la paleta. Apenas se había deshecho de las cosas de la chica, cuando llamaron a la puerta. Atravesó el largo pasillo con olor a naftalina y trementina y, ceremonioso, abrió la puerta.

Ante él, en el rellano, había un muchacho nigeriano de unos veinte años. El joven, tras saludar educadamente, le preguntó por el anuncio.



 Agradecimiento especial a Abraham Moscardó por permitir el uso de su extraordinario arte.
Para ti este relato :)

Castillos en el Aire






-¡Que extraño! -dijo la muchacha avanzando cautelosamente-. ¡Qué puerta más pesada!
La tocó, al hablar, y se cerró de pronto, con un golpe.
-¡Dios mío! -dijo el hombre-. Me parece que no tiene picaporte del lado de adentro. ¡Cómo, nos han encerrado a los dos!
-A los dos no. A uno solo -dijo la muchacha.
Pasó a través de la puerta y desapareció.


Final para un Cuento Fantástico. 
I.A. Ireland



Yo no sé contar cuentos. Tampoco sé escribirlos. Ni siquiera soy capaz de encontrarles un principio ni un final. Pero adoro que me los cuenten. Que me los escriban. Y siempre que lo hacen, queda suspendida en el aire la misma pregunta:


¿Qué hay dentro de los cuentos?

Los Picaportes de mi Vida






Nos toma sin un porqué,
sin hora señalada,
sin un tímido ademán sobre la espalda;
franquea el instante su presencia advenediza,
pálida huésped
con su viudez de fiesta.

Y se asila en silencio,
fibra a fibra
se instala en nuestro lecho y nuestra mesa,
trasgrede todo muro, toda puerta
donde el alma se defiende
en pro y en contra.

"Presencia de la tristeza"
Flor Alba Uribe

Frio día.
Respiré el aire limpio, húmedo, de aquella mañana de invierno.
La calle estaba preparada para entregarse al caer de una lluvia que involucra aguas y hojas, desatadas desde el cielo. Algunas ráfagas cómplices se avecinaron y absurdas, comenzaron a adentrarse en la casa llevándose consigo ropas, pieles y amores.
La lluvia se lo lleva todo y hasta lo que creemos nuestro, ya no lo es.

Y entonces, tirité. Eché a correr por el pasillo blanco, iluminado, hasta la habitación que compartíamos. La puerta, también blanca, con picaporte metálico, se dibuja sobre la pared lisa a intervalos regulares. Me sobresalté al percibir un leve zumbido. Procedía del tubo incandescente de la cocina. O del propio oído, que se esforzaba por captar algún eco, el mínimo crujido.
Silencio. Ni un rumor, ni un paso. Sólo el ronroneo constante del espacio vacío. La respiración del pasillo.

Entré. Registré el armario, la mesilla, la estantería de la que habían desaparecido todas sus cosas, levanté el colchón, abrí los cajones, me tiré en el suelo para mirar debajo de las camas, y aunque no sabía lo que estaba buscando, no encontré ya ninguna cosa que hubiera sido suya.
Nada, excepto yo misma.

Autobiográfico






Esto ya va mejor.
Ya no le tengo miedo.

Y me complace que usted,
como quien no quiere la cosa,
haya fijado el barniz de sus ojos en mis piernas.

"Esto ya va mejor..."
Almudena Guzmán



- Tú me miraste -le dije despacio, segura de que me entendería-. Porque sabes mirarme.

Luego, la calle Sagunto cerró sus brazos sobre mí como sólo saben cerrarse los brazos de un amante.


(Y así sigo mis dias, tomando apuntes a través de historias que quizás han pasado, que pueden estar pasando y que yo registro en forma de instantes, de sensaciones, y que luego me las guardo muy dentro para que un día, no sé cuándo, me cuenten esos detalles de la vida que sigo sin entender pero que no me importa..., porque los vivo como un tesoro para luego compartirlos contigo.)

Vestida de Mar






Que hay otro ser, por el que miro el mundo,
porque me está queriendo con sus ojos.

Que hay otra voz con la que digo cosas

no sospechadas por mi gran silencio;

y sé que también me quiere con su voz.


"Qué alegría vivir"
Pedro Salinas


Me voy vestida de mar.
Me acompañan huellas
y mudas penas
por la blanda arena
hasta la espuma.
Voy a callar la voz
arrullada en el canto
de las caracolas
vestida de mar oscuro.

Y si llama él
no le digais nunca que estoy.
Decidle que me he ido
con mi soledad.
Que salí a buscar
voces antiguas
de viento y de sal.
Voces nuevas
que requiebren mi alma

Me lleva el mar
Y me voy hacia allá
Como en sueños,
dormida,
vestida de mar.

El Deambular de la Palabra






Y cada cual pronuncia esa palabra
con un secreto temor y una secreta demencia.

"La Palabra"
Benítez de Reyes



Recuerdo que te dije que llegaríamos tarde.

Tú ibas como adormilada mientras caminábamos en la silenciosa tarde por aquel pueblo de largas calles adoquinadas. Yo, delante tuya, sin más aliento que el que me proporcionaba el aire de tus suspiros, iba apremiándote con la mirada. Seguías sin creer en que pudiésemos entrar y te quedaste rezagada escuchando cómo nos llamaban por nuestro nombre los cánticos del viento para llevarnos hacia ninguna parte. Te gustaba, ¿recuerdas? Escuchar al viento. Yo te cogí de la mano y pegué mis labios a tu oreja para penetrarte con la palabra, recorriéndote al fin de punta a punta, y rogué para que detuviese tu cuerpo, y le diese la vuelta, y enderezase tus piernas, y la vi asomarse al borde de tus ojos, y cómo daba vueltas por tu cuello para descender muda por tu espalda y cambiar de ruta… y me di cuenta de que llegábamos tarde. Demasiado tarde. Tanto que volvimos separados sin haber podido entrar dentro del cuento que se extendía detrás de tu sonrisa.

Los Objetos que Duermen en la Playa






Óyeme, que te llamo. Vida mía,
sí, vida mía, vida mía sola.

¿De quién más, de quién más si solamente

puedo ser yo quien cante a tus oídos:

vida, vida, mi vida, vida mía?

¿Qué soy sin ti, mi amor? Dime qué fuera

sin ese fuerte y dulce muro blando

que me da luz cuando me da la sombra,

sueño, cuando se escapa de mis ojos.

Yo no puedo dormir. ¡Cuántas auroras,

oscuras, braceando en las tinieblas,

sin encontrarte, amor! ¡Cuántos amargos

golpes de sal, sin ti, contra mi boca!

¿Dónde estás? ¿Dónde estás? Dime, amor mío.

¿Me escuchas? ¿No me sientes

llegar como una lágrima llamándote,

por encima del mar, en esta noche?


"Retornos del amor en las arenas"
Rafael Alberti

La tarjeta llegó a su puerta golpeando con el viento de "marzos" olvidados. Abrió y al instante sintió una sensación seca y gélida que comenzaba a enrollársele de los pies a la cabeza. Frío. No hizo falta ver el remitente: sabía que era Ella. Siempre era Ella, pensó. Sonrió con ironía mientras se alejaba despacio por un pasillo oscuro y silencioso.
Era única perturbando su vida. Cuando creía que la paz por fin comenzaba a inundar de nuevo su pecho, Ella regresaba para interrumpirla sin siquiera detenerse en sus ojos que ahora, sin un lugar determinado al cual dirigir una mirada, terminaron por difuminarse al pasado.

Recordó la última gota de sudor que cayó cerca de sus labios mientras le hacía el amor en medio del invierno, sin saber a ciencia cierta si nació de su frente o desde la comisura de sus ojos, y que él lamió para heredar el misterio de su sabor cítrico, ácido y venenoso, propio de la fatalidad. Aquel mismo veneno que salía de sus labios y que él besaba incansable, claro, transparente y sin olor, pero con sabor acre, que le revolvía el estómago horas después de haberla despedido y que le seguiría persiguiendo agolpado en su garganta por las kilométricas calles de su ciudad, era el que ahora, en la distancia temporal y física que los separaba, seguía desgarrándole en sus pensamientos de soledad y abandono.

No era posible el olvido. No con Ella. No mientras las sábanas blancas de su cama siguiesen confundiéndose con su piel y continuase estrechando su espalda en sus largos brazos intentando llevarla consigo, al futuro; soñando con volver a mirar sus ojos café tostado, deseando sus labios, tiernos, carnosos; enhebrando cuentos con los ondulados cabellos que, mañana tras mañana, rescataba de su húmeda almohada.
Sus días pasaban de la fresca brisa a las profundidades abismales en la terrible escena del abandono. Imposible olvidar. No a Ella. Ella, que se había acordado de que hoy era su día.

Se dejó caer en la cama y comenzó a leer aquella tarjeta que llegó con el viento de "marzos" olvidados.

¡ATENCIÓN!
Abrir con cuidado.
Esta tarjeta contiene una cantidad infinita de viento, arena y salitre recogidos desde una pequeña porción de playa donde quedaron enterrados dos pares de pies...

“Feliz cumpleaños.”

Alguien lo había dicho: “La felicidad es el fantasma que habita en una gota de lágrima.”

La Silla de Plata




Para Luigi







La princesa está triste... ¿qué tendrá la princesa?
Los suspiros se escapan de su boca de fresa,

que ha perdido la risa, que ha perdido el color.

La princesa está pálida en su silla de oro,

está mudo el teclado de su clave de oro;

y en un vaso olvidado se desmaya una flor.


"Sonatina"
Rubén Darío



"La bambina dei capelli biondi
raccoglie i suoi sorrisi perduti:
li mette in bocca
si siede nella sua sedia di argento
e fa chiamare al Fiato che,
soffiando forte,
li lascia nelle triste bocche."

Cuentan que una vez existió una niña de cabellos rubios que regalaba sus sonrisas sentada en una silla de plata. Tenía tantas que se le escapaban del borde de sus labios y tenía que ir corriendo tras ellas para poder atraparlas y meterlas de nuevo en su boca. Después, se sentaba en su silla de plata, que era mágica, y hacía llamar al aliento para que soplara fuerte y las depositara en otras bocas.

Y así pasaba la mayor parte del tiempo esta niña de cabellos rubios que columpiaba sonrisas en su silla de plata.

Hasta que un día se le acabaron las sonrisas. ¡No recordaba cómo eran! Se asustó mucho y se dijo que aquello no podía ser más que un sueño, que tenía que serlo y que no tardaría mucho en despertarse. Pero pasaba el tiempo y las sonrisas no volvían. Decidió ponerse delante del espejo y empezó a hacer muecas para ver si le salían. Exhibió con triste elegancia su carita ovalada y una minúscula naricita que armonizaba con sus medianos ojos y su boca de fresa que entubó, y luego su frente, después las cejas y hasta las orejas, subiendo y bajando como si estuviesen columpiándose... y empezó a llorar. Lloró desconsoladamente durante tanto tiempo que tuvo miedo de quedarse también sin lágrimas. Llorar está bien, se dijo, pero uno tiene que parar tarde o temprano, y entonces hay que decidir qué hacer.

Así que la niña de cabellos rubios que había perdido sus sonrisas, se puso en pie y paseó la mirada a su alrededor con suma atención intentando encontrar algo que le hiciese reír. Desalentada, se acercó a la ventana y vio a su abuela columpiándose en su silla de plata, que era mágica, con el mismo rostro de alegría que ella, como un doble, pero de adulta… Y le hizo tanta gracia verse cómo sería cuando fuese grande que empezó a arrugársele la naricita y la frente, y los ojitos se le achinaron hacia arriba y a los lados, y sus orejas subían y bajaban columpiándose al ritmo de su carcajada para después, durante un instante, columpiarse al otro extremo devolviendo las orejas hacia abajo, desarrugando la frente, dejando a los ojos chinos para recuperar los redondos, extendiendo las arrugas de su nariz. Una sinfonía concertada de gestos y muecas que oscilaban entre la alegría y la seriedad, cambiando cada segundo y a gusto, como si fuera varias niñas a la vez, y para que nunca se le olvidara que las sonrisas, aunque nos parezcan todas iguales, son únicas en cada rostro…

Y así pasó la mayor parte del tiempo esta niña de cabellos rubios que columpiaba sus sonrisas en una silla de plata.


-Algo sobre mí en el primer comentario.-

Lunes de Soslayo








Es el amor.
Tendré que ocultarme

o huir.


"El Amenazado"
J.L.Borges


-¡Mon dieu!1
-¿Qué pasa, Bernadette? ¿Qué dice?
-Pero… Il n'est pas posible2! ¡Esto es una barbaridad, une sottise3, una incongruencia! ¡Estos del gobierno se han vuelto majaras! Je ne comprends pas4.
-¡Como sigas alternando el francés y el español de esa manera voy a pensar que eres tú la que te has vuelto majara! ¡Haz el favor y dinos de una vez que dice el dichoso edicto!
-Paulette, no la atosigues mujer, que ya sabes que nuestra querida hermana se toma las cosas con su tiempo.
-¡Qué tiempo ni que ocho cuartos! Odette, lo que le pasa a tu hermana es que es corta de luces desde que nació, eso es lo que le pasa.
-¡Paulette!
-¡¡¡¿¿¿Qué???!!! ¡Pero si es la verdad!
-Según esto se prohíbe a todo ciudadano del país dejar fluir los impulsos amorosos en los días lunes, las 24 horas del día sean estos hábiles o festivos...
-Lo que yo te diga, Odette: Corta.
-Pues seré corta, Paulette, pero sé leer y eso es exactamente lo que pone aquí. Mirad.




EDICTO
BOP 180



Debido a la gran crisis económica que está sufriendo el país y dada la actual coyuntura en la que muchas empresas atraviesan dificultades económicas, mandamos elaborar un minucioso estudio sobre la pérdida del tiempo laboral provocada por los efectos que causa en los individuos el llamado “Síndrome del Enamoramiento Inicial”. Según este estudio realizado por personal altamente cualificado se desprende que el embobamiento que produce el enamoramiento inicial, sumado a la propiamente natural del inicio de semana, sería una de las causas principales de la total falta de concentración y en consecuencia de una baja progresiva de la productividad.
A fin de abaratar los altos costes que suponen para las empresas y en consecuencia para la economía de este país dicho síndrome, nos hemos visto obligados a tomar medidas preventivas por lo que prohibimos a todo ciudadano/a del país dejar fluir los impulsos amorosos en los días lunes, las 24 horas del día sean estos hábiles o festivos.

Art. I

“Se prohíbe terminantemente so pena de sanción mirar directamente a los ojos a cualquier individuo/a que haya sido calificado como de “alto riesgo”. Esto es, aquellos que provocan una alteración del ritmo cardíaco y espasmos estomacales, acompañado de sudoración y sequedad bucal, así como pérdida momentánea de la realidad e incapacidad de vocalizar correctamente.”


Con el objeto de evitar sanciones les adjuntamos una serie de medidas para contrarrestar los embates de nuestra comprobada naturaleza lasciva:

Entrene desde ya sus ojos. Colóquese delante de un espejo y realice movimientos de derecha a izquierda y viceversa. Realizando este simple ejercicio estaremos aumentando considerablemente el radio de acción del rabillo de estos órganos, muy útil en situaciones de riesgo como puede ser el que usted se encuentre caminando por la calle y vea venir de frente a su victimario/ria sin posibilidad de escapatoria en cuyo caso podrá seguir caminando mirando de soslayo. Se insta a cruzar rápidamente la calle aún a riesgo de costarle la vida si no ha seguido la medida anteriormente citada. Pasado el peligro, no se le ocurra volver la vista atrás; se le sancionará doblemente.

Recuerde: Hay cámaras aéreas invisibles en todo el país.

¡Que c'est beau l'amour5!



1¡Dios mio!
2¡No es posible!
3un disparate
4No entiendo nada
5¡Qué bonito es el amor!

De Espaldas al Viento








(I)

Siempre aspiré a que mis palabras,

las que llevo al papel,

continuasen llorando

-de pena, de felicidad, de desesperanza,

al fin, todo es lo mismo-,

porque yo las había llorado antes;

antes de que desembocasen en el papel blanquísimo,

en el papel deshabitado, que es el morir.

Dejarían en él los ecos asordados, empañados,

de lo que tuvo vida.

Alguien advertiría la humedad de las lágrimas,

lloraría por seres que jamás conoció,

que acaso no es posible que existieran

aunque estuvieron vivos

en el recuerdo o en la imaginación.

Lloraríamos todos por los desconocidos,

los -para mí -difuminados

en la magia del tiempo.



A orillas del East River
De "Cuaderno de Nueva York"

José Hierro


Desde aquí, donde siempre desembarco, cuando el ocaso se aproxima y el atrayente misticismo del paisaje llega a su punto de apogeo en las desiertas orillas de la playa, intento comprender el porqué de esa sombra que se extiende entre los pliegues de la melancolía hasta quedarse anclada en pos de una realidad que fabrica el hambre de un abrazo agudo, ausente. Como ausentes las letras de ese libro que me regalaste y que ahora están borrosas por las lágrimas y sin embargo, yo consigo leer anidando mi voz con la tuya, con el sustento de tu respiración junto a mi rostro, al resguardo de los vientos que me llevan allí donde no hay cometas.

Se me hace raro no verte caminando junto a mí en esta orilla, bajo este calor que, extrañamente, es mucho más soportable que aquellas tardes de niño. Aunque supongo que el calor es lo que menos me importaba cuando disfrutaba correteando de un lado a otro mientras hacía piruetas en el cielo con mi cometa encima de nuestras cabezas, de espaldas al viento, estirando y dejando ir el hilo, y tú me avisabas cuándo era el mejor momento para hacerla volar.


-¡Ahora, hijo! ¡Ahora!- chillabas tú inundado de orgullo cuando conseguía hacerla volar, caracolear ante los embates del viento variable. Y te sacabas de no sé dónde esas risas tuyas sin fondo, que se desprendían de sus bordes y, llevadas por el viento, se iban perdiendo en el límite del tiempo de aquellos primeros días de vuelo desbordando ilusión e impaciencia, que fueron a la vez de preocupación por si mi cometa tenía defectos que le impidieran volar y miedo por si una vez emprendido el vuelo, cualquier ráfaga traicionera de viento la derribara contra el suelo.

Y yo me quedaba mirándote mientras caminabas con los hombros desnudos mirando al horizonte que apenas yo podía intuir, casi convencido de tu lugar en este mundo, a pesar de que el mundo apenas había dicho una palabra al respecto, agotando en este océano incontenible el día, y la noche, y tu silencio sin aliento, y la tinta y el papel de aquellas páginas que se mezclarían y deformarían la historia...

-¿Sr. López? ¿Mario López?
- Si, soy yo. ¿Con quién hablo?
- Le llamo desde la editorial Viento. Queríamos felicitarle por su historia y comunicarle que estaríamos encantados de registrarla.
-¿Perdón? Me temo que ha habido un error… yo nunca he escrito nada, mucho menos una historia, lo lamento. Buenas tardes.
- No, no, no me cuelgue Sr. López. No es ningún error, la historia es de su autoría. Es usted un escritor magnífico y nosotros queremos editar su novela.
- ¿Escritor yo? ¿Un magnífico escritor? Mire, no estoy para bromas, así que le agradecería que no me tomase el pelo.
- ¿Y qué me dice del libro que tiene entre sus manos?
- ¿Cómo diablos sabe usted eso? ¿Acaso me está espiando? Pero qué…
- Sr. López, le ruego que me lea en voz alta la primera página; es lo que usted nos mandó y lo único que nosotros tenemos registrado. Por favor.
- Está bien… ¡Dios! Esto es de locos…

“Desde aquí, donde siempre desembarco, cuando el ocaso se aproxima y el atrayente misticismo del paisaje llega a su punto de apogeo en las desiertas orillas de la playa, intento comprender el porqué de esa sombra que se extiende entre los pliegues de la melancolía hasta quedarse anclada en pos de una realidad que fabrica el hambre de un abrazo agudo, ausente [...] “

- Dígame que no le resulta parecido…

Presencia en las Capas del Sueño







El mundo es más azul y más terrestre
de noche, cuando duermo

enorme, adentro de tus breves manos.


"Final"
Pablo Neruda




URGENCIAS MÉDICAS UME
Plaza Calvo Sotelo, 1 y 2
03001
Alicante

INFORME DE URGENCIAS

HISTORIA CLÍNICA: 463875
NÚMERO DE URGENCIA: 379503502
UGENCIAS UME

MUÑOZ GARCIA, ALBA
FECHA NACIMIENTO: 24/08/1970
SEXO: MUJER
ENTRADA: 28/07/2005 HORA: 17:23
SALIDA: HORA:

DIAGNÓSTICO: TCE

Mujer, 35 a.
Traumatismo craneoencefálico por accidente automovilístico.
Consciente. Glaswog de 15 TA: 120/80, Temp 37, FC:110 FR: 14/6.

Mientras se encuentra en urgencias sufre deterioro brusco del nivel de conciencia de forma que solo abre los ojos en estímulos dolorosos, no habla, y solo emite sonidos incomprensibles.
Reflejos oculogiros normales, retirada de miembros al dolor.

Sugiere: Crisis de ausencia.
Placa de tórax: Normal.
TAC: Normal.


“Cierro los ojos y duermo. Siento cómo desciendo en picado hacia el país del sueño, hacia una infinitud del silencio, indivisible, irrompible, y voy bajando, bajando, y puedo medir el grosor del silencio, y es tan fino como una capa de azúcar quemado. Pero alguien no me deja atravesarla. Me agita y me sacude, y me habla intentando despertarme, y asciendo. No quiero, no quiero… grito, grito muy fuerte, mucho, que apaguen la luz de esos faros, que me ciegan, que no griten, mamá dile a papá que no grite, y ponte el pañuelo bien que en cuanto nos subamos al coche se te va a volar, y mis gritos se superponen a esa jauría de voces más lejanas cuyo sentido no alcanzo a descifrar. Y asciendo lento primero, muy rápido después, hacia una realidad que sé no me va a gustar.”


Alba intenta abrir los ojos, pero los párpados le pesan, la cabeza le da vueltas, pero intuye que alguien la zarandea, y le habla, y sin embargo no es capaz de ponerle un rostro a esa voz, y detesta esas luces potentes, extrañas, fantasmales, como esa misma voz que parece llegar desde algún lugar invisible de su mente y que no la deja dormir, que no sabe que está a punto de arrancar su descapotable rojo, que no encuentra las gafas de su madre que deberían estar en la guantera, y que es vital dar con ellas porque su madre no soporta que el sol le de en los ojos, y que sin gafas no habrá excursión y ella no podrá ver la sonrisa de su madre mientras dibuja palabras en la arena y las olas las mastican…

“Cierro los ojos y vuelvo a dormir. Desciendo mientras los gritos, antes potentes, se van haciendo cada vez más imperceptibles, yo no las veo, hija, no están, mira bien, mamá, que tienen que estar donde siempre, mira bien, mamá, pues no, hija, no están, y mira que he sacado todo, ¿eh?, a ver, mamá, déjame a mí. Grito, grito mucho y muy fuerte, y me paro en el semáforo, freno y el coche se detiene, sujétate fuerte el pañuelo, mamá, que se te va a volar, y escucho sus risas mientras se lo asegura con un nudo debajo de la barbilla, y se marcha, riendo, sin volver la cabeza, y entonces comprendo que siempre la tendré aquí mientras vaya descendiendo las sucesivas capas del sueño. Subo.”

- Hola, por fin te has despertado.

Giros Nocturnos






Un roce al paso,
una mirada fugaz entre las sombras,
bastan para que el cuerpo se abra en dos,
ávido de recibir en sí mismo
otro cuerpo que sueñe;
mitad y mitad, sueño y sueño, carne y carne;
iguales en figura, iguales en amor, iguales en deseo.
Aunque sólo sea una esperanza,
porque el deseo es pregunta cuya respuesta
nadie sabe.


"No decía palabras"
Luis Cernuda

Estoy loco por ti, Laura, y tú lo sabes, que estoy loco por ti. Y te quiero, Laura, eso también lo sabes, Laura. Por eso hemos tenido hijos. Por eso seguimos juntos después de tantos años. Por eso no me callé mi infidelidad. Por eso me giro imponiéndome una lentitud que mi deseo desmiente. Por eso me excita tu obstinada ignorancia mientras percibes la dureza de mi sexo en ese único refugio que me concede tu espalda, yo lo sé, Laura, lo sé. Por eso me froto contra ti, y te poseo con la necesidad de absorberte, de mantenerte dentro de la calidez traidora de mi memoria, y me corro en tu espalda, y sonrío como tú sonríes siempre justo después de correrte, y lo sabes, Laura, tú sabes cómo me gusta ver tu sonrisa flotando sobre tu cara y que me excitas, Laura, lo sabes, y vuelvo a follarte tan deprisa sin sospechar siquiera que cinco minutos puedan estirarse tanto. Por eso sé de sobra todo eso. Por eso no siento la necesidad de comprender mientras imagino el cuerpo de mi amante deseando que fuese el tuyo, que está tan cerca y tan lejos que ya no lo puedo imaginar. Por eso llego al orgasmo una vez más, y yo sé que eso te humilla, Laura, yo lo sé, y me condenas imponiendo el silencio en nuestra cama, y yo me siento preso en una especie de nostalgia perezosa que me impide levantarme. Por eso dejamos escapar los días, los meses, los años… y no hablamos, y no gritamos, y ya no nos amamos, Laura, ya no. Por eso no me voy, Laura, porque estoy loco por ti, porque te quiero, Laura, yo te quiero, y tú lo sabes. Pero yo no sé por qué no huyes tú.

No lo sé, Laura.

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